La codependencia puede manifestarse de diferentes maneras en nuestras relaciones, en la forma en que vivimos nuestras emociones y en la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos.
No todas las personas experimentan estas características de la misma forma ni necesariamente presentan todas. Sin embargo, reconocer algunos de estos patrones puede ayudarnos a reflexionar sobre nuestra manera de relacionarnos.
1. Asumimos la responsabilidad por los sentimientos y conductas de otros
Podemos sentir que somos responsables de que otra persona esté bien, tranquila o feliz. Cuando alguien se enoja, se entristece o tiene un problema, podemos pensar inmediatamente que debemos solucionarlo o que hicimos algo mal.
2. Tenemos dificultad para identificar nuestros sentimientos
A veces sabemos que algo no está bien, pero no podemos identificar exactamente qué sentimos. Podemos preguntarnos: ¿estoy enojado?, ¿triste?, ¿solo?, ¿frustrado?, ¿asustado? Esta dificultad puede hacer que desconectemos de nuestras propias necesidades emocionales.
3. Tenemos dificultad para expresar lo que sentimos
Podemos experimentar emociones intensas y, aun así, tener problemas para decirlas. Frases como “estoy triste”, “me siento lastimado” o “esto me hizo feliz” pueden resultar difíciles de expresar.
4. Tenemos miedo de cómo los demás responderán a nuestros sentimientos
Podemos evitar expresar lo que sentimos por miedo a provocar una discusión, decepcionar a alguien, ser juzgados o generar rechazo. Por eso, muchas veces preferimos callar antes que enfrentar una posible reacción negativa.
5. Tenemos dificultades para formar y mantener relaciones cercanas
Podemos desear intimidad y conexión, pero al mismo tiempo sentir miedo cuando alguien se acerca demasiado. Esto puede dificultar la construcción de relaciones estables, abiertas y emocionalmente saludables.
6. Tenemos miedo de ser rechazados o lastimados
El temor al rechazo puede hacer que busquemos constantemente señales de aceptación. Podemos preocuparnos demasiado por lo que otros piensan de nosotros y modificar nuestra conducta para evitar sentirnos rechazados.
7. Somos perfeccionistas y tenemos expectativas excesivas
Podemos exigirnos demasiado y esperar también que los demás cumplan expectativas muy altas. Cuando las cosas no salen como esperamos, podemos experimentar frustración, culpa o sensación de fracaso.
8. Tenemos dificultad para tomar decisiones
Tomar decisiones puede convertirse en una fuente de ansiedad. Podemos necesitar constantemente la opinión o aprobación de otras personas porque no confiamos plenamente en nuestro propio criterio.
9. Tendemos a minimizar, alterar o negar cómo nos sentimos
Podemos decir “no pasa nada” cuando en realidad algo nos lastimó. También podemos justificar aquello que sentimos o convencernos de que nuestros problemas no son importantes. De esta manera, evitamos reconocer nuestras verdaderas emociones.
10. Las acciones y actitudes de otros determinan nuestras reacciones
Nuestro estado emocional puede cambiar dependiendo de cómo se comporte otra persona. Si alguien está tranquilo, nosotros estamos tranquilos; si está molesto, podemos sentir ansiedad o preocupación.
11. Ponemos las necesidades de otros antes que las nuestras
Podemos acostumbrarnos a cuidar, ayudar y resolver las necesidades de los demás mientras dejamos las propias para después. Con el tiempo, esto puede generar agotamiento, frustración y desconexión de nosotros mismos.
12. El miedo a la ira de otros determina lo que hacemos
Podemos modificar lo que decimos o hacemos para evitar que alguien se enoje. Incluso decisiones pequeñas pueden estar condicionadas por el temor a provocar una reacción negativa.
13. Cuestionamos nuestros valores para relacionarnos mejor con otros
Podemos comenzar a darle más importancia a las opiniones, deseos y creencias de otras personas que a las nuestras. Poco a poco podemos alejarnos de aquello que realmente pensamos o consideramos importante.
14. Nuestra autoestima depende de la influencia de otros
Podemos sentirnos valiosos cuando recibimos aprobación y sentirnos insuficientes cuando alguien nos critica o desaprueba. En lugar de reconocer nuestras propias cualidades, buscamos que otras personas nos confirmen nuestro valor.
15. Nuestra serenidad depende de los sentimientos y conductas de otros
Nuestra tranquilidad puede quedar vinculada al estado emocional de quienes nos rodean. Cuando alguien está preocupado, molesto o triste, podemos sentir que nosotros también debemos entrar en ese estado emocional.
16. Nos juzgamos de acuerdo con los estándares de otros
Podemos evaluar constantemente lo que hacemos, pensamos o decimos utilizando las expectativas de otras personas. Esto puede generar una sensación permanente de no ser suficientemente buenos.
17. No creemos que sea normal ser vulnerables y pedir ayuda
Podemos pensar que pedir ayuda significa ser débiles, incapaces o una carga para los demás. Por eso intentamos resolver todo solos, incluso cuando estamos emocionalmente sobrepasados.
18. Tenemos dificultad para hablar de nuestros problemas y sentimientos
Podemos haber aprendido que los problemas familiares deben mantenerse en privado o que hablar de nuestras emociones es innecesario. Sin embargo, expresar lo que sentimos y buscar apoyo puede ser una parte importante de nuestro bienestar emocional.
19. Somos muy leales, incluso cuando esa lealtad nos perjudica
La lealtad puede convertirse en una obligación que nos lleva a permanecer en situaciones que nos hacen daño. Podemos justificar comportamientos perjudiciales o permanecer junto a alguien simplemente porque sentimos que abandonarlo sería incorrecto.
20. Necesitamos sentirnos necesitados para relacionarnos
Podemos sentir que nuestro valor dentro de una relación depende de cuánto hacemos por la otra persona. Ser indispensables puede hacernos sentir importantes, pero también puede dificultar que construyamos relaciones basadas en la reciprocidad y la libertad.
Reconocer estos patrones puede ser un primer paso
Identificar estas características no significa etiquetarnos ni concluir automáticamente que somos codependientes. Las relaciones humanas son complejas y estos comportamientos pueden aparecer por diferentes razones.
Lo importante es observar nuestros patrones, reconocer cómo nos relacionamos con nuestras emociones y preguntarnos si nuestras relaciones nos permiten expresar lo que sentimos, establecer límites, pedir ayuda y cuidar también de nuestras propias necesidades.
Aprender a relacionarnos de una manera más saludable comienza muchas veces con algo tan sencillo y difícil a la vez como preguntarnos:
¿Qué siento yo, qué necesito yo y qué puedo hacer por mí?